lunes, 1 de diciembre de 2025

SUPLEMENTO DE REALIDADES Y FICCIONES

Nº 108 – Diciembre de 2025 – Año XVI

ISSN 2250-5385 – Edición trimestral

Inscripción gratuita como LECTOR o COLABORADOR
si escribe a zab_he@hotmail.com
(por favor, revisar correo no deseado)
indicando nombre y apellido, ciudad y país
(se le avisará cada nuevo número trimestral).

 

Sumario:

• Germain DROOGENBROODT (Bélgica - España)
• Gabriela MARIN (Rumania)
• Walter Hugo ROTELA GONZÁLEZ (Argentina - Uruguay)
• Dora María MAURI (Argentina)
• Edwin Javier ÁLVAREZ DÍAZ (Venezuela - Andorra)
• Verónica VENTURA MÁRQUEZ (España)
• Washington Daniel GOROSITO PÉREZ (Uruguay - México)
• Patricia Amelia ESTALLO (Argentina)
• Ivan POZZONI (Italia)
• Liliana BIELMEIER (Argentina)
• Juan Carlos VARELA BUJÁN (España)
• Griselda Susana ROCHETTI (Argentina)

 

GERMAIN DROOGENBROODT

Belga (flamenco), está afincado desde 1987 en Altea, España. Poeta, traductor, editor y promotor de poesía moderna internacional. Ha traducido más de treinta libros de poesía española, alemana, inglesa, francesa y latinoamericana, incluyendo obras de Bertolt Brecht, Miguel Hernández, José Ángel Valente, Francisco Brines, Juan Gil-Albert, poesía moderna argentina, chilena, nicaragüense, mexicana. Realizó adaptaciones de poesía árabe, china, persa, japonesa, coreana...

La editorial POINT (POesía INTernacional), de la que es fundador, lleva publicados más de ochenta libros de poesía internacional. Con los poetas chinos Bei Dao y Duo Duo fundó un movimiento de poesía, el neosensacionismo. Organizó en Altea y Alfáz del Pi (España) el festival internacional “La Costa Poética”. Fue secretario general del Congreso Mundial de Literatura de Valencia y del Congreso Mundial de Poetas. Es cofundador de la asociación poética JUNPA (Japan Universal Poets Association, consejero de Ama-Hashi (The Poetic Bridge) de Kioto y de Poetry and Discovery (Italia). También, consejero general de Huifeng International Poetry, Shanghái; vicepresidente del Festival Internacional de Poesía de Sidney y presidente-fundador de la asociación cultural Ithaca (Altea, España), que organiza anualmente, entre otras, Las Noches Poético-Musicales de Ithaca: música clásica, poesía y exposición de pinturas.

Ha escrito diecisiete poemarios, siendo su obra multifacética. Luego de Cuarenta en la pared (poesía neorromántica, 1984), publicó ¿Conoces el país?, Meditaciones en el Lago Como, de poesía naturalista. Obtuvo en 1995 un “Hawthornden Fellowship” y escribió, en el castillo escocés del mismo nombre: Conversación con el más allá, que le valió el Premio de Poesía P. G. Buckinx (Bélgica). En esa época, publica Palpable como la ausencia (bilingüe neerlandés-castellano), «poesía virtuosa», según un crítico de reseñas para las bibliotecas holandesas. En 1997 apareció Veinticinco y dos poemas de amor y al año siguiente Entre el silencio de tus labios, compilación de sus poemas de amor.

Estudió las culturas, filosofías y poesías orientales. Visitó más de setenta veces el extremo oriente, cuyas culturas han dejado profundas huellas en su obra poética. En Rajastán completó el Camino, un cambio crucial en su obra, publicado en China y Japón como TAO, que inspiró a varios artistas como el pintor belga Frans Minnaert y el hindú Satish Gupta. Este poemario filosófico-místico es su libro de mayor éxito. Sus poemarios han sido publicados en veintiocho países y veintiséis idiomas: albanés, alemán, castellano, chino, checo, croata, eslovaco, hindú, inglés, italiano, japonés, macedonio, mongol, neerlandés, pakistaní, rumano, serbio, etc.

En 2001, edita Amanece el cantor, su primer poemario en español, como homenaje a José Ángel Valente. Y al año siguiente en Ronda, el ciclo Contraluz, poemario de línea similar a el Camino. La edición rumana fue laureada como mejor libro de poesía extranjera por la Universidad Ovidius.

En la corriente del tiempo, meditaciones en el Himalaya ha sido galardonado en España con el XXXVII Premio de Poesía Juan Alcaide 2008 y con el Gran Premio de Poesía Mihai Eminescu en Rumania en 2015; también fue editado por Struga Poetry Evenings, el afamado y más antiguo festival de poesía de Europa que lo publicó en 2010 en su prestigiosa colección “Pléiades” en macedonio.

En 2008 se editó Selected Poetry of Germain Droogenbroodt, inglés-chino, en Shangai, China. La antología In the Stream of Time, Selected Poetry of Germain Droogenbroodt ha sido traducida al japonés y presentada en 2010 en la Kyoto City International Foundation, Kyoto, Japón. Se publicó también una selección de su poesía en bangla y otra en irlandés en 2012.

Desombrada luz, poemario escrito en 2011 en el Hawthornden Castle International Retreat for Writers en Escocia se publicó en edición bilingüe neerlandés-español en 2012. En 2015 se editó En la corriente del tiempo en rumano (presentado en el Festival Internacional de la Poesía Mihai Eminescu) y su antología El rocío del alba en Croacia (presentado en Zagreb Literary Talks).

En 2016 se publicaron sus poemarios La efímera flor del tiempo, en Bélgica y en Holanda, y Gotas de rocío en Japón, 100 haikus en caligrafía japonesa, en español, inglés y neerlandés. En 2021, La Inquietud de la palabra y en 2022 en varias lenguas el Camino del Ser. En Kioto, su segundo poemario de haiku, Mariposa volante, publicado también en Chile. Y en 2023, su poemario Reflexiones Poéticas, premio internacional de poesía de Fuente Vaqueros, España.

Ha recibido múltiples premios en Bélgica, Egipto, España, Mongolia, Rumania, Macedonia, Bangladesh, Italia, Francia, Japón e India. En 2017 fue recomendado para el Premio Nobel de Literatura.

Más sobre sus obras y trayectoria en Suplemento de Realidades y Ficciones Nº 81, de marzo de 2019.

https://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/2019/03/suplemento-de-realidades-y-ficciones-n.html

elpoeta@point-editions.com

 

 

ESCRIBIR POESÍA

Germain Droogenbroodt ©

 

Hallar el frágil equilibrio

entre el silencio y la palabra

 

entre el camino

y la desorientación

 

entre lo decible

y lo indecible

 

entrelazar

la brecha honda

entre pluma y papel.

(de el Camino del Ser, Editorial Balduque, Cartagena)

 

 

PREGUNTA

Germain Droogenbroodt ©

 

¿De dónde viniste

adónde irás?

¿Cuánto tiempo durará aún

tu eternidad

─ planeta?

 

Reversible es todo

pero ¿dónde está el límite?

¿Quién sabe del cambio

del oscurecimiento

de la noche?

 

El tiempo urge, empuja la arena

graba la palabra

en la piedra y espera que quede

—no

como testamento.

(de el Camino (TAO), Editorial Calima y POINT Editions)

 

 

PALOMA DE LA PAZ

Germain Droogenbroodt ©

 

Está lloviendo,

lloviendo tristeza

por las víctimas inocentes,

por la destrucción de un país,

por tener que huir de la violencia asesina.

Hambrienta, sale una tórtola

del abrigo de su árbol:

como una soga

el anillo negro alrededor de su cuello.

(de el Camino del Ser, Editorial Balduque, Cartagena)

 

 

INTELIGENCIA ARTIFICIAL

Germain Droogenbroodt ©

 

Ríos que se desbordan,

casas demolidas,

coches arrastrados

por las aguas embravecidas:

el hombre ha perturbado la naturaleza.

 

En vano

la sabiduría hace su aparición

 

¿Podría un chip, implantado en el cerebro,

proporcionar más sabiduría o quizás más ceguera

y adoctrinamiento?

de el Camino del Ser, Editorial Balduque, Cartagena

 

 

SMART PHONE

Germain Droogenbroodt ©

 

En la sala de espera,

un gran número de pasajeros sentados

con una notable excepción

están todos ocupados con una cosita llamada smart phone

y que les fascina sin cesar.

 

Con dos pulgares a la vez

escriben sus “relatitos”,

sensatos o no, están escritos,

y enviados al mundo

 

Sólo una persona no escribe, pero lee,

lee un libro.

¿No tendría nada que decir?

(de el Camino del Ser, Editorial Balduque, Cartagena)

 

 

UNA VÍCTIMA

─Gaza─

Germain Droogenbroodt ©

 

Aún no cerrados

sino abiertos de par en par

y aterrorizados

los ojos de una niña

 

fruncidos los labios

porque el tiempo fue demasiado corto

para un beso de despedida

o para una última oración.

(Inédito)

 

 

COMO UNA FLOR

Germain Droogenbroodt ©

 

Como una flor

es la vida

 

entre la germinación

de la semilla

y el marchitarse

se halla la vida

 

como una flor

que se abre y se cierra,

temprano a veces, a veces tarde

se marchita y muere.

(de Reflexiones poéticas, Editorial Valparaíso)

 

 

GABRIELA MARIN

Nació el 21 de marzo de 1966 en Oltenița, Rumania. Escribe desde chica y también le gusta leer mucho. En la escuela secundaria ganó la etapa departamental “Olimpíada de la Lengua Rumana” y recibió una mención en la etapa nacional.

Es profesora de francés e inglés por la Universidad de Bucarest (Facultad de Lenguas Extranjeras) e hizo una Maestría en Lingüística Aplicada - Didactique du Français Langue Etrangère en la Universidad de las Antillas, Martinica.

Enseñó francés e inglés en escuelas secundarias de Bucarest; en colegios, asociaciones y en programas de la prefectura de Martinica; y expresión oral y escrita en francés profesional en la Universidad de las Antillas, Departamento de Ciencias de la Computación. También enseñó francés en colegios y escuelas secundarias en Guayana Francesa e inglés en la Université de la Guyane Française.

Hoy publicamos la segunda parte de sus Poemas en minúsculas.

Más sobre sus obras y trayectoria en Suplemento de Realidades y Ficciones Nº 107 de septiembre de 2025.

gabim21@yahoo.com

https://www.facebook.com/gabriela.marin.7927/

 

 

real

 

nuestras aspiraciones

nuestras esperanzas

nuestros sueños

nuestras ilusiones

nuestros objetivos

nuestras impresiones

nuestros deseos

nuestra imaginación

nuestros escenarios

nuestros ideales

 

nuestros éxitos y victorias

 

 

real

 

our aspirations

our hopes

our dreams

our illusions

our objectives

our impressions

our wishes

our imagination

our scenarios

our ideals

 

our successes and victories

 

 

mi hermoso arco iris

 

mi corazón rojo

mis begonias naranjas

mi sol amarillo

mi hierba verde

mi amor azul

mi cielo índigo

mi iris púrpura

 

mi sangre roja

mi puesta de sol naranja

mis narcisos amarillos

mi primavera verde

mi mar azul

mis pensamientos índigo

mi aire púrpura

 

mi esperanza turquesa

mi optimismo rosa

nuestro brillante futuro

 

 

my beautiful rainbow

 

my red heart

my orange begonias

my yellow sun

my green grass

my blue love

my indigo skies

my purple iris

 

my red blood

my orange sunset

my yellow daffodils

my green spring

my blue sea

my indigo thoughts

my purple air

 

my expectations turquoise

my pink optimism

our bright future

 

 

inicio

 

te olvidaste de todo

lo dejaste todo

ya has terminado todo

lo has abandonado todo

has corregido todo

has borrado todo

sublimaste todo

asumiste todo

aceptaste todo

has perdonado todo

has transformado todo

lo has pensado todo

has hablado todo

has renacido totalmente

 

todo comienza aquí y ahora

 

 

beginning

 

you've forgotten everything

you've quited everything

you've finished everything

you've abandoned everything

you've fixed everything

you've deleted everything

you've sublimated everything

you've taken on everything

you've accepted everything

you've forgiven everything

you've transformed everything

you've thought it all over

you've talked everything

you've been totally reborn

 

it all starts here and now

 

 

en mi alma

 

profundidades atractivas

volverse cíclico

alturas desafiantes

movimiento concéntrico

aclaraciones sorprendentes

llamada simbólica

entorno encantador

alza esférica

frescura impresionante

recuerdo maravillosa

comprensión etérica

deseo creativo

 

 

in my soul

 

attractive depths

cyclical becoming

challenging heights

concentric motion

surprising clarifications

symbolic call

charming setting

spherical rise

impressive freshness

wonderful memories

etheric understanding

creative desire

 

 

soñar

 

veo en mi sueño

que me quedo dormido en una nube

veo en mi sueño

que vuelo a una estrella

veo en mi sueño

que respiro como la luna

veo en mi sueño

que vivo como el sol

veo en mi sueño

que me mareo en el éter

allá arriba, muy alto

veo en mi sueño

que no te has ido

lo sé en mi sueño

que sigues aquí

como en cualquier sueño mío

 

 

dreaming

 

I see in my dream

I fall asleep on a cloud

I see in my dream

I fly to a star

I see in my dream

I breathe like the moon

I see in my dream

I live like the sun

I see in my dream

I get dizzy in the ether

up there, very high

I see in my dream

you haven't gone away

I know in my dream

you are still here

as in any dream of mine

 

 

WALTER HUGO ROTELA GONZÁLEZ

Nació en Formosa, Argentina en 1968. Reside en Montevideo, Uruguay.

Cursó la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación, Universidad de la República, Opción Periodismo, Uruguay (1999-2010).

Cursó la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación, Universidad de la República (Udelar), Opción Periodismo, Uruguay (1999-2010). Colaboró con Diario El Mirador de Sudamérica, corresponsal de Uruguay (2014), y en revistas digitales: La Pluma Afilada (España); Revista Literarte Digital (Argentina), en Túnel de Letras (México) y Suplemento de Realidades y Ficciones (Argentina).

Bibliografía: Huellas de mis pensamientos (2011), Buscando… las llaves, las rutas (2011), Siete cuentos - Del 2007 al 2008 (2011), Líneas Paralelas - Relato de viaje (2013), Olivol y Mundial, un solo club (2011), Serie Túneles (cuentos, 2016), Criados… En la Tierra Roja (cuentos, 2016), Variaciones sobre vientos (cuentos, 2018), Los pasos de jaguareté michí y otros cuentos (2019), Cosas curiosas en los caminos de las cumbres (relatos, 2020).

Audios periodísticos y literarios en: Radio Huellas de Pedro Buda II, Página en Blanco (Programa en plataforma Ivoox, se comparte información sobre escritura y se mantiene entrevistas con escritores de habla hispana).

Más sobre su trayectoria literaria y obras en los números 92, 82 y 76 del Suplemento de Realidades y Ficciones. Ver ÍNDICE DE SUPLEMENTOS o, por su apellido, en ÍNDICE DE AUTORES: https://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/

pebuwar2@gmail.com

https://pebuwar2.blogspot.com/ (Blog: Huellas de Pedro Buda – el formoseño)

https://blogsdelagente.com/huellasdepedrobuda/

 

 

EL MEJOR AMIGO DE JUAN

Walter Hugo Rotela González ©

 

Lo que trascribo más abajo me fue narrado por Juan. Él deambula por la ciudad y, a veces, pasa a pedir comestibles por la puerta de la capilla. Yo tenía un chiche nuevo y quise probarlo. Me dijo que tenía una historia que compartir. Le pregunté si podía grabar su relato y me autorizó, entusiasmado. En realidad, en ese momento no sabía si usaría o no el material; pero resultó interesante.

Juan es un hombre al que le gusta leer y siempre consigue libros usados. Muchos le regalan viejos textos que no pueden vender. Así que ahí va. El producto de la comunicación mediada fue casi un monólogo de Juan, donde él da rienda suelta a su lunfardo y mezcla de expresiones en varios idiomas que le gusta usar cuando me cuenta sus historias.

—¡Buenas tardes Juan! ¿Cómo anda hoy? —le dije al verlo llegar con su paso cansino.

 

—Bien… bien —contestó con voz entrecortada, por la emoción, según comprendí después.

—Sabe que le dejaron una manta. Lo trajo doña Eusebia, específicamente para usted. Hace una semana —le conté.

—¡Bien, bien! Nos viene al pelo… (se refería a él y a su perro, al que llama Thor). Sabe… Le voy a contar lo que nos pasó la tarde del viento este, el de la semana pasada.

Venía por la zona del ‘porto’. Y esta ‘coisa’ nos sorprendió. Empezó a volar cuanto ‘pelpa’ había en la ‘lleca’. Volaban cartones, plásticos de los carteles de las elecciones y hasta alguna chapa suelta.

Venía con mi amigo Thor de visitar a los viejos compas del ‘topuer’.

Nadie nos arrimó un veintén. Los del ‘porto’ dijeron que la pesca anduvo mal toda la semana. “Brutta giornata…” Y a los ojitos estirados ni les pido. Esos comen perro asado, así que ni me acerco con Thor.

Las tripas de mi Thor y las mías parecían cantar… de tanto ruido que hacían.

Media hora después que empezó la ventisca Thor desapareció. Venía detrás de mí, como a veinte pasos, más menos. Me sujetaba de las paredes y entreabría los ojos para seguir el camino. La tierra y las pelusas jodían la vista. De pronto Thor se esfumó.

Pensé y pensé adónde podía estar. Y me dije: el viento me lo trajo y el viento me lo quita. Si por eso lo llamé Thor. Pucha digo, cómo son las ‘coisas’.

Lo llamé a los gritos... Lo busqué, lo busqué y na… No estaba en los lugares conocidos. No aparecía en las esquinas, ni en las entradas de los galpones, ni en las puertas de los bares donde paramos el ‘corpo’, la carne, cada día. Un agujero negro se lo tragó, pensé.

Las nubes se volvieron oscuras, negras. El aire quedó frío y húmedo. Me refugié bajo un alero, en los flancos de la vieja estación de trenes, en un rincón junto a una puerta abandonada, tapiada con tablones. Lo esperé toda la tarde. Desde mi posición podía otear hacia el sur como hacia el norte.

Fue una interminable tarde gris. Una locura. Recordé cada día del tiempo transcurrido desde que empezamos a ‘patiar’ juntos… Muchos días y muchas noches compartidas, pucha digo. Tantos aguaceros que soportamos juntos. Y ahora, este viento maldito me encontraba más solo que el uno. Recordé las frías noches de invierno, recostados junto al fueguito. Tantas cosas se comparten y no nos ponemos a pensar hasta que nos falta el ‘gomía’. Pasaron las horas. El tiempo se volvió interminable. La oscuridad lo envolvió todo. La soledad… Y como la publicidad del ‘pucho’ aquél: “La noche se cerró sobre la Bastilla…” No sé por qué me acuerdo de ese ‘faso’, de esa propaganda en la tele, de cuando yo tenía una, en blanco y negro. Quizás porque la situación se me antojó similar. Porque no siempre tuve ‘tirao’ che. No. Una vez tuve casa, mujer, laburo. Pero de eso hace más de un siglo, sabés. Otro día te cuento.

—¿Y qué pasó después? ¿Cómo, cuándo lo encontraste a tu perro? Contame —le sugerí.

—Como te decía, no se podía ver más allá de los portones de la nueva estación del ferrocarril, que como sabes está a cien metros de la antigua y abandonada. La luz mortecina, de los faroles de la ‘lleca’, no ayudaban. Las ramas de los plátanos se movían y parecían manos de fantasmas. Espectros. El corazón me daba vueltas. Parecía que iba a dejar de ‘funcar’.

El viento seguía. Golpeaba con fuerza. Me cubrí con un cartón. Finalmente, me dormí. Me venció el cansancio. Mi amigo había desaparecido. Yo lo esperé, lo esperé y me rendí.

—Pero hoy, aquí, están juntos… —Le señalé, mirándolo a los dos. Juan y Thor estaban, uno sentado junto al otro, frente a mí.

—Sí… ‘Grazie a Dio’. Desperté en la madrugada, de esa ventosa noche, y Thor me lamía la ‘geta’, acurrucado a mi lado. Del lado que soplaba el viento.

 

 

DORA MARÍA MAURI

Nació en el otoño de 1951, en la ciudad de Mar del Plata, Provincia de Buenos Aires, Argentina. Es madre de tres hijos. Profesora de Ciencias Biológicas, actualmente dicta la materia Salud y Adolescencia en la Escuela N° 2 de esa ciudad. Pinta acuarelas en pequeños formatos y es actriz de teatro independiente. Ama la amistad, la lectura. Escribe poemas y cuentos que narra a sus alumnos y conocidos. Publicó en los libros La palabra en movimiento, antología IV (2023), El péndulo, antología literaria (2022) y Los secretos del jardín de mi infancia (2022).

doramauri@hotmail.com

 

 

MUNDO

Dora Mauri ©

 

Tengo miedo

por este mundo.

Lo veo delante un

escarabajo estercolero

gigante

que lo transforma en

una boñiga

de donde es imposible

salir.

 

 

AMEBAS

Dora Mauri ©

 

Las pudorosas amebas

se reproducen en el agua de un florero

y espían a los amantes

entre las hojas

de un helecho.

 

 

POEMA

Dora Mauri ©

 

Palabras sueltas

nadan solitarias

en el mar de mis pensamientos.

Se unen en

versos infinitos

y hacen un

poema baladí.

 

 

NOCHE

Dora Mauri ©

 

Busco

sin pan

hasta encontrar

el fondo de la noche.

Estoy bañado de escarcha

dentro de un vértigo oculto

en el piélago

de mi existencia.

 

 

SIN SALIDA

Dora Mauri ©

 

Esa despiadada

prisión terrestre

de las plantas

                      abandonadas

en las macetas

de las casas de cambio,

en las salas de espera,

en las gomerías

las convierten en

espectadoras sin salida.

 

 

ESTRELLA

Dora Mauri ©

 

La estrella azul

deambula altarera

por desiertos de calas,

en oasis de papel crepe.

Sólo se detiene

a leer cartas de amor a

dos pulpos geométricos.

 

 

EDWIN JAVIER ÁLVAREZ DÍAZ

Nació el 30 de mayo de 1992 en Barquisimeto, Venezuela. Es escritor, poeta, además de profesor en ciencias sociales, graduado con honores de la UPEL-IPB. Gran apasionado por la filosofía, intenta fundir en sus escritos la idea filosófica con el lenguaje poético a fin de acercarnos más a una visión clara del mundo desde su perspectiva, la cual se puede ver reflejada en su primer libro Un viaje poético (versos e historias), publicado en Andorra en 2024.

En 2023 logró mención honorífica en el Premio Oscar Wilde 2023, certamen literario de prestigio, realizado por el Grupo Bernavil Internacional a través de su firma editorial en Venezuela.

Más sobre su trayectoria literaria y obras en: Suplemento de Realidades y Ficciones Nº 105:

https://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/2025/03/suplemento-de-realidades-y-ficciones-n.html

alvarezdiazedwin@gmail.com

IG @soyeidenn

https://edwinalvarezdiaz.com

 

 

LA GRAN MÚSICA

Edwin Javier Álvarez Díaz ©

 

¿Tenemos tiempo para la gran música? Esta interrogante me surgió luego de llegar al templo del arte en Paris: el museo de Louvre. Desde luego, todo el fondo, la forma, la arquitectura, la infraestructura es una oda a la belleza, la estética, el arte mismo; pero lo que más me sorprendió y elevó el alma fue esta pequeña entrada, donde causalmente, recibía a todo viajero una pequeña pieza musical que hace parte de la «gran música», esa que te transporta a un nivel casi espiritual, como si escucharla pudiera lograr que tus sentidos sobrevolaran la mera existencia terrena y te llevarán a un encuentro con Dios. Realmente este recibimiento fue lo más cercano al Paraíso que jamás he tenido en mi vida; no hacía falta morir, ni estar cerca del umbral de mi partida, solo bastó con contemplar el sonido, la tonalidad, el terciopelo del violín, la actuación de aquel artista, para saber que hacemos parte minúscula de la divinidad y la perfección. Esta «gran música» es la que colma el alma y los sentidos más elevados, la que propicia el encuentro reflexivo y el pensamiento más profundo. Sin duda, todo aquel que se tome el tiempo para este tipo de música no lo habrá malgastado, sino que habrá hecho una de las mejores inversiones para sublimar su alma, su mente y su espíritu, porque nadie pierde tiempo con: Bach, Chopin, Mozart, Vivaldi, y muchos otros que nos propician este encanto por la buena música. Hay que agregar, que existen otros estilos con fuertes argumentos para que nuestro gusto musical sea de gran catadura, es obvio, el ser humano está siempre en proceso de cambio, de evolución, y la música no escapa a ello; aunque quizá se esté centrando más en el sonido que despierte los músculos y las articulaciones, en la escapatoria de la realidad. Sin duda, ese viaje al epicentro del arte francés y del mundo, me hizo reencontrarme con esa sensación de vitalidad y goce, reencontrarme con la intimidad de ese artista que está dentro de cada uno. No olvidemos, que escuchar con atención la melodía idónea, nos da una razón más para apreciar la vida y nos da motivo para intentar desarrollar en nosotros ese sentimiento de plenitud que nos da la «gran música».

 

 

XXXIII

Edwin Javier Álvarez Díaz ©

 

Del sufrimiento brotó poesía.

De la tristeza brotó poesía.

De la felicidad brotó poesía.

Del amor brotó poesía.

De los traumas brotó poesía.

De la necesidad brotó poesía.

 

 

Creo en la poesía

como el fin último

de mi existencia,

el propósito

por el cual vivo.

 

 

VERÓNICA VENTURA MÁRQUEZ

(Sevilla, España, 1977) Estudió química y bioquímica. Obtuvo varios premios en redacciones en el colegio y después de mayor, en temas de poesías.

Siempre le gustó escribir, con un estilo propio, particular. Desde hace tiempo tiene su propio canal de YouTube (Historias para recordar) donde cuenta historias cortas de misterio, amor y humor. También tiene un grupo de Facebook (Obras de Verónica Ventura) que le recomendaron para darle publicidad a sus novelas.

Tiene cuatro novelas en el mercado, todas en Amazon. Dos de amor (Manuela y Manuela 15 años después) en formato tapa blanda y ebook y dos de misterio (La herencia y Cuando el niño llora) formato en tapa blanda y ebook. En los temas de misterio, dice que es el tema en el que mejor se mueve.

Más sobre su trayectoria literaria y obras en el Nº 105 del Suplemento de Realidades y Ficciones:

https://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/2025/03/suplemento-de-realidades-y-ficciones-n.html

veronicaventuramarquez@gmail.com

 

 

EL COCHE FANTASMA

Verónica Ventura Márquez ©

 

Corrían los años ochenta, cuando a mí se me descubrió por auscultación, que tenía un bulto en la espalda, me tendrían que ingresar y ponerme yesos y corceles, hasta que, mi columna cediera y se pusiera derecha o al final, me operasen, como así fue unos años después.

Mis padres criados en el campo, casi analfabetos, todo esto se les hizo un mundo y decidieron llevarme a una curandera. Así que, me llevaron a esta mujer, que me hacía unos masajes donde sonaban todos los huesos de mi espalda y al final me ponía un esparadrapo, dejándome derecha y ocultándome el bulto.

La curandera, imagino que lo hacía con toda su buena fe, nunca llegó a curarme. Para ir, necesitábamos que nos llevaran en coche, ya que era en un pueblo de Cádiz, entonces siempre nos llevaba mi tío Jerónimo y su mujer Mari.

Recuerdo que ese día era invierno y nos había citado más tarde de lo que normalmente lo hacía.

Ya se sabe que, en invierno, a las seis de la tarde es de noche. Ese día estaba nublado, y ya estaba oscuro cuando llegamos. Recuerdo, que había mucha gente esperando, así que, entramos cerca de las ocho de la noche.

Después de hacerme los masajes dolorosos para mí y ponerme el esparadrapo, nos fuimos, dejando aún a mucha gente.

Delante, en el coche, iba mi tío, el conductor, mi padre de copiloto, detrás de mi padre, mi tía, yo en medio y mi madre detrás de mi tío. Por lo tanto, yo sólo veía la carretera por delante, yo por el lado no veía prácticamente nada, además de que estaba oscuro; solo veía algo de cielo nublado con nubes rojas y algunas sombras pasar que eran la copa de los árboles.

De pronto una luz muy fuerte que alumbró el habitáculo del coche.

—¡Vaya!, con las luces largas —exclamó mi tío Jerónimo.

De pronto se apaga la luz, y escuchamos el motor de un coche revolucionado, se pone en paralelo a nosotros; yo no veía nada, sólo veía a mi padre y a mi tío Jerónimo mirar para el lado.

—¡Mira el tío! —dijo mi padre

—¡Qué nos quiere echar de la carretera! replicó mi tío Jerónimo.

Y dio un volantazo.

¡Por Dios Jerónimo! exclamó mi tía Mari, agarrada al sillón de delante.

Mi madre también se agarró a la manilla que estaba encima del asiento y me agarró a mí con el otro brazo.

Mi tío seguía intentando esquivar al coche, y seguía dando volantazos, dando la sensación que, de un momento a otro, íbamos a volcar.

El coche desapareció de repente, mi tío Jerónimo frenó un poco y por más que mirábamos de un lado a otro, no veíamos a ningún coche. Seguimos en silencio deseando de salir ya de esa carretera y coger la autovía para llegar a Sevilla.

La carretera volvió a estar oscura. De pronto, otra vez la luz fuerte, por un lado,

¡Míralo!, ¡ahí está el tío! exclamó mi padre

¿Y el maldito, este que querrá? dijo mi tío, alterado, agarrando fuerte el volante.

Ese, robarnos contestó mi tía Mari.

Mi madre solo sabía abrazarme, besarme y sonreírme, la pobre no sabía qué hacer para que me tranquilizara.

Esta vez el coche nos adelantó

¡Corre hijo de tu madre! exclamó mi tío Jerónimo a ver si te estrellas.

El coche delante de nosotros frenó en seco y a todos se nos iluminó la cara de rojo.

Mi tío Jerónimo frenó, las ruedas chillaron agarrándose al asfalto, el coche culeó, los gritos dentro del habitáculo se hicieron patentes y, cuando ya pensábamos que íbamos a chocar, el coche desapareció.

¡Me cago en Satanás! exclamó mi tío Jerónimo pero, ¿dónde está?

Mi padre se revolvía en el asiento, mirando para todas partes, a ver si podía ver algo. Mi tío Jerónimo no les quitaba los ojos a los retrovisores, pero no veía nada. Y mi tía Mari, miraba lo que podía por la ventanilla del coche.

Mi madre me abrazaba. Yo ya le había dicho que tenía miedo y ella para tranquilizarme me decía que esos eran unos tontos y que tiíto corría más que aquellos hombres malos. De mayor me confesó, que había pasado más miedo que un guto, perro pequeño casero.

¿Se habrá ido para el campo? preguntó mi padre.

Seguro contestó mi tío Jerónimo—, este asqueroso, cuando menos te espere, sale.

Seguimos un buen trecho hasta casi llegar a la salida para coger la autovía, sin verlo. Pero cuando ya nos habíamos tranquilizado, el coche venía de frente hacia nosotros a toda velocidad. Mi tío Jerónimo dio un volantazo y nos fuimos al otro carril; un tráiler que venía, nos tocó el claxon. Jerónimo de nuevo volvió el coche a su carril, pero ya no estaba el vehículo, que nos atosigaba. Nos movimos como margaritas del campo, cuando una ráfaga de aire las mueve de un lado a otro. Todos nos volvimos a agarrar y algún grito y súplica a Dios se oyó:

¡Dios mío, que nos matamos! entrelazó mi tía sus manos

Tú, Jeronimín, no corras tanto dijo mi madre, sujetándome más fuerte que antes.

Yo no corro ni “na” exclamó mi tío—, el malaje ese, que la tiene tomada con nosotros.

Todos estábamos muy nerviosos cuando apareció el coche, frente a nosotros, de nuevo.

¡Ahí está!, ¡ahí está! gritaba mi tía Mari señalando con un dedo hacia delante.

Jerónimo, tira “pa” “lante” dijo mi padre

Que nos matamos replicó mi tío Jerónimo

Si ese es un hombre, se quita contestó mi padre.

Mi madre me abrazó fuerte, mucho más de lo que venía haciendo en todo el recorrido.

Mi tía miró a mi madre y luego me miró a mí, con cara de circunstancia.

Mi padre miró de soslayo para nosotras y mi tío Jerónimo se agarró fuerte al volante.

Mi tía Mari se persignó y entrelazó nuevamente sus manos y miró al techo del coche haciendo una oración muda, donde sólo se le veía mover los labios.

Yo lo veía perfectamente. El coche se acercaba a gran velocidad hacia nosotros. Pero mi tío Jerónimo, seguía firme en su dirección.

Cuando ya era inminente el porrazo frontal, que todos cerramos los ojos, esperando dolor, quizás, o no sabíamos el qué, se esfumó, y sólo quedó una niebla espesa en la carretera.

Mi tío Jerónimo paró el coche y se bajaron mi padre y él, pero no había rastro del vehículo, sólo aquella niebla espesa que lo envolvía todo.

La guardia civil se acercó a nosotros, pasaban por allí, no sabemos si por casualidad, o por algún aviso de alguien.

¿Está todo bien? preguntó un agente.

Mi tío les contó lo sucedido y los agentes se miraron, como si ya hubieran escuchado otra vez, ese relato.

Los hombres se ofrecieron para acompañarnos hasta la autovía que ya estaba cerca.

Por la autovía el camino fue tranquilo y normal; llegamos a Sevilla bien, con el susto en el cuerpo y con la decisión de no contar nada a nadie.

 

 

EL ESCRITOR

Verónica Ventura Márquez ©

 

El escritor sudoroso escribía rápido en aquella hoja blanca, que pertenecía a aquel cuaderno anillado. La mesa no era muy grande, había papeles desordenados y una botella de whisky casi al filo del otro extremo. Cerca de él, aquel baso bajo redondo, con un dedo de aquella bebida de olor fuerte y sabor dulzón.

El hombre escribía deprisa, tanto, que a veces, las letras parecían una raya recta con algunos puntos y otras rayas hacia arriba. Sudaba, sudaba y miraba de soslayo hacia la puerta estrecha de su despacho. Su despacho estaba en la parte de arriba de una casa de dos plantas. No era muy grande, pero tenía un patio lleno de césped y árboles, con un camino de piedra y una piscina de aguas celeste.

Casi temblaba aquel escritor de pocos cabellos en la cabeza y de facciones duras. Tensaba sus mandíbulas mientras escribía lo más rápido posible con su bolígrafo de tinta azul.

Miraba para la puerta estrecha y de madera de su despacho. Paró un momento y miró para la ventana no muy grande que estaba con la persiana subida. Se mordió el labio; casi que tembló y, volvió a escribir con la máxima rapidez que podía.

Casi como si fuera un ruido del ambiente, la escalera de madera, crujió. Crujió un par de veces, y eso que estaba nueva y tenía brillo por algún producto que le había echado.

El escritor se paró un momento a escuchar. Se limpió el sudor de su frente con el antebrazo y abrió la boca.

Un leve crujido soltó de nuevo aquellas escaleras de madera.

Empezó a respirar deprisa, por un momento le parecía que le faltaba el aire, pero por alguna extraña razón no podía dejar de escribir, como si en ello le fuera la vida, como si lo que tenía que decir fuese más importante que su salud en ese momento.

La escalera crujía constantemente, como si un cuerpo pesado estuviera en sus escalones bien cuidados.

El escritor paró un momento y miró de nuevo la puerta de su despacho, y tras un segundo, cogió el vaso que tenía cerca de él, y se bebió el whisky con precipitación, dejando caer, algo de licor por la comisura de su boca.

Aquel ser, con aquel cuerpo escamoso y en ocasiones brillante debido a la baba que echaba para poder desplazarse sin patas, era una criatura que desprendía un olor nauseabundo. Daba la sensación que acababa de salir de un lago, donde el agua estaba llena de putrefacción.

El escritor comenzó a oler a azufre y se volvió a secar el sudor de su frente para de nuevo comenzar a escribir con toda la rapidez que sabía o podía.

Aquel ser demoníaco, con la mitad de cuerpo de hombre y la mitad de serpiente, tal cual, era una Lamia, que, con sus manos de uñas largas y gruesas, iba dejando unos arañazos en el pasamano de la escalera. Subía despacio, no tenía prisas, estaba seguro de que llegaría hasta su objetivo. Aquel ser diferente, con la piel amoratada y las uñas amarillentas, que por ojo tenía dos huecos oscuros, que tenía una boca con colmillos y con lengua bífida de color azulado. Iba subiendo despacio mientras se iba retorciendo, para subir a aquellos escalones de madera que no dejaban de quejarse, como si la serpiente extraña, le estuviera arrebatando la vida.

El escritor se tocó la frente sudosa y soltó un llanto efímero y lleno de desesperación. Casi temblando siguió escribiendo aquello que tanta prisa tenía para él.

La puerta de madera, se abrió despacio, muda, en silencio, y allí, estaba aquella bestia, de cara de monstruo y mirada sin ojos.

El escritor tartamudeando pidió tiempo

Pero la Lamia estiró su lengua como una serpiente cuando quiere olfatear el ambiente, y como si fuera un susurro, le contestó:

El tiempo se te ha acabado, vengo a por lo que me vendiste.

El hombre delgado y de poco pelo, comenzó a respirar agitadamente y soltó el bolígrafo a un lado. Cogió el vaso vacío y se lo tiró al diablo aquel, sin causarle ningún daño.

Rio; el malvado rio, dejando ver los colmillos de león que guardaba en su boca y los pequeños cuernos que salían de su cabeza, que los dejó ver, al hacer un extraño movimiento con la risa.

Se fue acercando al escritor despacio, no le hacía falta correr. El hombre que sudaba ya hacía rato, ahora parecía sentir el sudor como le corría por la espalda tensa. Se había agarrado a su silla cómoda, creyendo que lo iba a proteger, y de pronto, como el que ve venir la muerte en un accidente, el diablo le lanzó un brazo, y le agarró con sus terribles garras el cuello. El hombre asustado y oliendo a whisky, se quedó petrificado ante la fuerza que la bestia ejercía sobre él.

Luego la policía, el forense, el vaso en el suelo sin whisky, la botella casi al filo, los papeles desordenados y el escritor, echado sobre la mesa, bajo de él, el cuaderno que ponía en lo poco que se entendía.

“Había vendido su alma al diablo por una promesa que no había cumplido y… La Lamia había venido a por lo que era suyo”.

Los policías pensaron que era un párrafo de su última novela, que no había logrado terminar.

Retiraron el cadáver y alguien, tomó el cuaderno entre sus manos, lo cerró y lo escondió, mientras que se llevaban el cuerpo del escritor al tanatorio, para al poco decir que había muerto de un infarto.

Nunca nadie supo lo que pasó en verdad, ni dónde está ese cuaderno, hasta ahora, que se ha contado esta historia.

 

 

WASHINGTON DANIEL GOROSITO PÉREZ

(Montevideo, Uruguay, 24/6/1961) Radicado en Irapuato, México, desde 1991. Naturalizado mexicano desde el 18/11/1999. Carrera de Periodismo aplicado a los Medios de Comunicación Social (Uruguay). En México obtuvo los títulos de licenciado en Sociología de la Educación, maestría en Ciencias con Especialidad en Sociología Educativa y doctor en Ciencias con Especialidad en Pedagogía.

Poeta, narrador, ensayista. Catedrático universitario, periodista, conferencista e investigador.

Ha sido galardonado con premios en periodismo, ensayo, cuento y poesía en Uruguay, México, Brasil, Argentina, España, Estados Unidos, Alemania y Francia. Ha integrado unas treinta antologías literarias en Uruguay, México, Argentina, España, Italia y Estados Unidos.

Ha publicado en diversos medios literarios de Brasil, Ecuador, Suiza, Italia, Holanda, México, Argentina, Uruguay, Colombia, Estados Unidos, Chile, Cuba, España, Rusia, Israel y Paraguay, tanto poesía, haikus, poemínimos como microcuentos.

Más sobre su trayectoria literaria y obras en los números 74, 79, 90, 95, 101 y 103 del Suplemento de Realidades y Ficciones. Ver ÍNDICE DE SUPLEMENTOS o, por su apellido, en ÍNDICE DE AUTORES: https://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/

wd_gorosito@yahoo.com.mx

 

 

ALBEDRÍO POÉTICO

Washington Daniel Gorosito Pérez ©

 

Hoguera de versos

poema que alumbra

el horizonte azul.

Con cenizas del volcán

se escriben palabras

que alimentarán al poema.

Palabras eruptivas

que fluyen

y tras un proceso

se transforman en ígneas.

Poesía huella,

versos de palabras memoria,

de la existencia humana.

Escribo bajo la lluvia

sin paraguas,

las palabras apacibles

son como pétalos al viento

que peinan lo que parece un mar

y es un campo de lavanda.

Todo es posible,

en la libertad,

del poema.

 

 

OLEAJE POÉTICO

Washington Daniel Gorosito Pérez ©

 

Naufragios en espera

lejos de todas partes.

Pesados barcos encallados,

marcados por la herrumbre,

las duras caricias del viento

y un mar bravío que hiere.

Tronar de olas blanquecinas

belleza del ruido marino

que azotan con furia

liberando los versos

que estaban varados

en las rocas,

y se genera

el oleaje poético.

 

 

REQUIÉM POR CUAUHTÉMOC

Washington Daniel Gorosito Pérez ©

500 aniversario luctuoso 1525-2025

 

¡Oh gran Tenochtitlan!

señorío más poderoso del Anáhuac

belleza por doquier

en tus templos, tianguis, calzadas

e islotes.

 

¡Estad alerta!

ante ti se presentará

la gran amenaza

que sucumbirá al imperio.

 

Gran Cuauhtémoc

águila que cae.

Eres consciente de ello.

Cargarás a tus espaldas,

días y noches

de horror y dolor

para tu amado pueblo.

 

La profecía se cumple:

llega el hombre blanco

y con él su poderosa arma:

la mentira.

 

Un largo lamento, un llanto,

la historia de la traición

se empieza a escribir,

un grito de incredulidad surge,

¿por qué?

 

¿Dónde están nuestros dioses?

Asombro y dolor

ante la codicia y maldad

de los que creímos seres divinos.

 

Dioses insaciables

y atroces

en su proceder.

 

No conocíamos,

ni en los antiguos códices,

historias de tanta maldad.

 

Dioses con cuerpo

cubierto de plata,

empuñando truenos y centellas

subidos sobre enormes venados.

 

Y tú Cuauhtémoc

sin proferir un leve gemido,

fuiste atado, torturado y quemado.

Y contigo,

nuestro honor mancillado…

 

A ti Cuauhtémoc

te recordamos:

tu cuerpo bien proporcionado,

tu piel cobriza,

tus maneras finas y atractivas.

 

Sangre mezcla de águila y jaguar,

tu mirada penetrante, sin odio,

tus músculos tensos,

el dolor por tu pueblo,

pisoteado y traicionado.

 

Por eso duele tu muerte,

duele la humillación,

la hipocresía, la prepotencia,

la ignorancia, la intolerancia,

de los dioses sembradores

del terror.

 

Desde el llihuicatl- Omeyacan surge la pregunta:

¿Qué os ha hecho este hombre?

¿Qué os ha hecho este pueblo?

 

Y pensar que…

creímos que eran dioses,

traídos por el viento y el mar,

y sí,

arrasaban todo,

robaban, violaban, mataban…

 

Un cortejo de malas sombras

aniquilando y quemando,

de frente, el dolor y la bravura

de tu estirpe.

 

Huey Tlatoani

entereza ética y altura moral,

ejemplo y símbolo cultural

de la gran raza que arribó

desde la mítica Aztlán.

 

Tus alas se desplegaron

buscando en el horizonte

libertad e inmortalidad.

 

Tu libertad se deja escuchar

en el trinar del Cenzontle

durante el crepúsculo

de cada mañana

en esta,

tu maravillosa tierra mexicana.

 

 

PATRICIA AMELIA ESTALLO

Nacida en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, el 19 de febrero de 1961. Estudió Letras en la Universidad Católica Argentina.

Durante más de treinta años ejerció la docencia en establecimientos de educación media de dicha ciudad y la Provincia de Buenos Aires.

Desde el año 2021 participa del Taller Literario La Palabra en Movimiento coordinado por la escritora y poeta Liliana Lapadula.

Algunos de sus cuentos y poemas aparecen publicados en la IV edición de la Antología La Palabra en Movimiento, de 2023 y en Relatos liminares, de reciente aparición.

literaria.patry@gmail.com

 

 

VANO   

Patricia Amelia Estallo ©

 

Los ojos abiertos, para ver lo abierto,

y adivinar, apenas, sombras en harapos.

Tantear el silencio para encontrar tus huellas

hasta destejer mis manos en tanto abismo.

Escarbar el ayer para resucitar el goce,

y sólo ancianar recuerdos en nostalgias.

Hundir los pies en el barro anonadado

hasta fragmentarme en nada…

                                                 en nada.

 

 

PARÁFRASIS

Patricia Amelia Estallo ©

 

Los muros de mi hastío

fagocitan el propósito.

Esa rueda de empezar y no acabar

donde la realidad deambula

confundida entre ficciones

que calcinan la palabra 

con su fuego espeso y negro.

En los confines de lo humano

el universo ya no existe.

Sólo yo, traspasada de espejos rotos.

 

 

COLUMPIO

Patricia Amelia Estallo ©

 

La lluvia deshoja pétalos de esmaltes

dejando al desnudo su vetusta piel.

Abrigan nostalgias sus grietas de pino

que añoran las risas bajo el sol de abril,

y el viento despierta su quietud silente

meciéndola, suave, en su canción de orín.

 

¿Dónde están los sueños de la niñez perdida,

acunados al ritmo de su dulce vaivén?

Remontaron el vuelo de las utopías

sostenidos apenas por un fino cordel.      

 

 

OMEN- NOMEN-NUMEN

Patricia Amelia Estallo ©

 

De los infinitos que pugnan,

errantes, a través de los tiempos,

sólo uno —arcano y mágico—

destella en la noche de las vacilaciones

y unge la frente fecundando su historia.

Absurdidad de propio y ajeno,

de único y duplicado.

Suena en los oídos, y en el interior

retumba invocación y presagio.

Atisbo del origen,

preludia la perenne atadura.

Es ícono y esencia; es cuna y epitafio.

El omen- 

             nomen-

                        numen- 

                                     nombre.

 

 

IMPLÍCITAS

Patricia Amelia Estallo ©

 

Escuchas el golpe sobre la puerta. Las llamadas insistentes logran rescatarte del sopor en el que te sumergen las pastillas, subterfugios nocturnos de la conciencia muda.

Experimentas, entonces, un impostado sobresalto. Te levantas, deslizas los dedos por las paredes húmedas y buscas, a tientas, el interruptor.

Te acercas evitando hacer ruido; con los ojos aún nublados por el sueño, espías por la mirilla: afuera adviertes una sombra, apenas un contorno, y, aunque está demasiado oscuro para distinguir algo, sabes que es ella ¡Al fin ha dado con tu escondrijo!

¿Qué es esta porfía persecutoria? ¿Por qué no acepta lo que has repetido, obstinadamente, desde aquella noche y te deja en paz para siempre?

Y, aun cuando en tu mente las palabras dichas intentan erigirse, nuevamente, como una verdad falaz, sientes que estás perdiendo la batalla: los recuerdos embisten con ferocidad y las dudas te rodean, porfiadas, incansables.

Tu resistencia se vuelve inútil; ya no hay muros tras los cuales refugiarte.

Acercas tu mano insegura al picaporte y lo giras lentamente.

Te detienes un instante porque sabes que, en el momento en que le abras la puerta de tu conciencia, la culpa arremeterá con fiereza.

Pero conservas la esperanza de que, agazapada detrás de esa impiedad, la redención te espere para restañar heridas y devolverte la paz.

 

 

IVAN POZZONI

Nació en Monza en 1976. Ha introducido en Italia la materia Derecho y Literatura. Ha publicado ensayos sobre filósofos italianos, y sobre la ética y la teoría jurídica del mundo antiguo, y ha colaborado en varias revistas italianas e internacionales. Entre 2007 y 2018 se publicaron varias colecciones de sus versos: Underground y Riserva Indiana (A&B Editrice), Versi Introversi, Mostri, Galata morente, Carmina non dant damen, Scarti di magazzino, Qui gli Austriaci sono più severi dei Borboni, Cherchez la troïka y La malattia invettiva (Limina Mentis), Lame da rasoi (Joker), Il Guastatore (Cleup), Patroclo non deve morire (deComporre Edizioni).

Fue fundador y director de la revista literaria Il Guastatore - Quaderni «neon»-avanguardisti; fundador y director de la revista literaria L'Arrivista; redactor jefe de la revista filosófica internacional Información Filosófica; es o ha sido director de las series Esprit (Limina Mentis), Nidaba (Gilgamesh Edizioni) y Fuzzy (deComporre).

Fundó una quincena de editoriales socialistas autogestionadas. Ha escrito/editado 150 volúmenes, redactado 1000 ensayos, fundado un movimiento de vanguardia (NeoN-avant-gardismo, aprobado por Zygmunt Bauman), con un millar de movimientistas, y redactado un Antimanifiesto NeoN-avant-gardista. Se le menciona en los principales manuales universitarios de historia de la literatura, historiografía filosófica y en los principales volúmenes de crítica literaria. Su volumen La malattia invettiva ganó el premio Raduga, mencionado en la crítica de Montano y Strega. Está incluido en el Atlas de poetas italianos contemporáneos de la Universidad de Bolonia y aparece en varias ocasiones en la importante revista literaria internacional Gradiva. Sus versos se han traducido al francés, inglés y español. En 2024, tras seis años de retirarse de los estudios académicos, regresó al mundo artístico italiano y fundó la Kolektivne NSEAE (Nuova antropología socio/etno/estética).

Más sobre su trayectoria literaria y obras en Suplemento de Realidades y Ficciones Nº 105:

https://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/2025/03/suplemento-de-realidades-y-ficciones-n.html

ivan.pozzoni@gmail.com

 

È nato a Monza nel 1976. Ha introdotto in Italia la materia della Law and Literature. Ha diffuso saggi su filosofi italiani e su etica e teoria del diritto del mondo antico; ha collaborato con con numerose riviste italiane e internazionali. Tra 2007 e 2018 sono uscite varie sue raccolte di versi: Underground e Riserva Indiana, con A&B Editrice, Versi Introversi, Mostri, Galata morente, Carmina non dant damen, Scarti di magazzino, Qui gli austriaci sono più severi dei Borboni, Cherchez la troika e La malattia invettiva (Limina Mentis), Lame da rasoi (Joker), Il Guastatore (Cleup), Patroclo non deve morire (deComporre Edizioni). È stato fondatore e direttore della rivista letteraria Il Guastatore – Quaderni «neon»-avanguardisti; è stato fondatore e direttore della rivista letteraria L’Arrivista; è stato direttore esecutivo della rivista filosofica internazionale Información Filosófica; è, o è stato, direttore delle collane Esprit (Limina Mentis), Nidaba (Gilgamesh Edizioni) e Fuzzy (deComporre).

Ha fondato una quindicina di case editrici socialiste autogestite. Ha scritto/curato 150 volumi, scritto 1000 saggi, fondato un movimento d'avanguardia (NeoN-avanguardismo, approvato da Zygmunt Bauman), con mille movimentisti, e steso un Anti-Manifesto NeoN-Avanguardista, È menzionato nei maggiori manuali universitari di storia della letteratura, storiografia filosofica e nei maggiori volumi di critica letteraria. Il suo volume La malattia invettiva vince Raduga, menzione della critica al Montano e allo Strega. Viene inserito nell’Atlante dei poeti italiani contemporanei dell’Università di Bologna ed è inserito molteplici volte nella maggiore rivista internazionale di letteratura, Gradiva. I suoi versi sono tradotti in francese, inglese e spagnolo. Nel 2024, dopo sei anni di ritiro totale allo studio accademico, rientra nel mondo artistico italiano e fonda il collettivo NSEAE (Nuova socio/etno/antropologia estetica).

Maggiori informazioni sulla sua carriera letteraria e sulle sue opere nel Suplemento de Realidades y Ficciones Nº 105:

https://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/2025/03/suplemento-de-realidades-y-ficciones-n.html

ivan.pozzoni@gmail.com

 

 

HOTEL ACAPULCO

Ivan Pozzoni ©

 

Mis manos demacradas siguieron escribiendo

convirtiendo en papel cada voz de la muerte,

no dejé testamento,

olvidando cuidar

lo que todos definen como el quehacer normal

de todo ser humano: oficina, hogar, familia,

el ideal, al fin, de una vida normal.

 

En el lejano futuro de 2026, toda la defensa

de un contrato indefinido,

tachada de desequilibrada,

encerrado en el centro de Milán,

en el Hotel Acapulco, un hotel decrépito,

reclamando la cosecha de sueños marginales,

agotando los ahorros de toda una vida

en revistas y comidas escasas.

 

Cuando los Carabinieri irrumpieron

en la decrépita habitación del Hotel Acapulco

y encuentren a otro muerto sin testamento,

¿quién contará la historia ordinaria

de un viejo cortavientos desgastado?

 

 

HOTEL ACAPULCO

Ivan Pozzoni ©

 

Le mie mani, scarne, han continuato a batter testi,

trasformando in carta ogni voce di morto

che non abbia lasciato testamento,

dimenticando di curare

ciò che tutti definiscono il normale affare

d’ogni essere umano: ufficio, casa, famiglia,

l’ideale, insomma, di una vita regolare.

 

Abbandonata, nel lontano 2026, ogni difesa

d’un contratto a tempo indeterminato,

etichettato come squilibrato,

mi son rinchiuso nel centro di Milano,

Hotel Acapulco, albergo scalcinato,

chiamando a raccolta i sogni degli emarginati,

esaurendo i risparmi di una vita

nella pigione, in riviste e pasti risicati.

 

Quando i carabinieri faranno irruzione

nella stanza scrostata dell’Hotel Acapulco

e troveranno un altro morto senza testamento,

chi racconterà la storia, ordinaria,

d’un vecchio vissuto controvento?

 

 

BALADA DE LO INEXISTENTE

Ivan Pozzoni ©

 

Podría intentar decirte

con el sonido de mi teclado

cómo Baasima murió de lepra

sin llegar nunca a la frontera

o cómo el armenio Meroujan

bajo un revoloteo de medias lunas

sintió desvanecerse el aire de sus ojos

arrojado a una fosa común;

Charlee, que se mudó a Brisbane

en busca de un mundo mejor,

termina el viaje

en la boca de un caimán,

o Aurelio, llamado Bruna

que, tras ocho meses en el hospital

murió de sida contraído

tras una pelea en una carretera de circunvalación.

 

Nadie recordará a Yehoudith,

sus labios rojo carmín,

borrados por beber venenos tóxicos

en un campo de exterminio,

ni a Eerikki, con su barba roja,

derrotado por la turbulencia de las olas,

que duerme, arrasado por las orcas,

en el fondo de algún mar;

la cabeza de Sandrine, duquesa

de Borgoña oyó el rumor de la fiesta

al caer de la cuchilla de una guillotina

en una cesta

y Daisuke, samurái moderno,

contó las revoluciones del motor de un avión

gesto kamikaze en un harakiri.

 

Podría seguir y seguir

en el calor sofocante de una noche de verano

cómo Iris y Anthia, niños espartanos deformes

fueron abandonados,

o cómo Deendayal murió de privaciones

atribuible al único crimen

de vivir la vida de un marginado

sin haberse rebelado nunca;

Ituha, una niña india,

amenazada con un cuchillo,

que acaba bailando con un Manitú

en la antesala de un burdel

y Lutero, nacido en Lancashire

liberado de la profesión de mendigo

y obligado a morir por Su Majestad Británica

en las minas de carbón.

 

¿Quién recordará a Itzayana

y a su familia masacrados

en un pueblo de las afueras de México

por el ejército de Carranza en retirada,

y qué de Idris, el rebelde africano,

aturdido por los golpes y las quemaduras

mientras indomable por la dominación colonial,

intentó robar un camión de municiones;

Shahdi voló alto en el cielo

por encima de las astas de la Revolución Verde,

aterrizó en Teherán con las alas destrozadas

por un cañonazo,

y Tikhomir, un albañil checheno,

desplomado ante rostros indiferentes

en el tejado del Mausoleo de Lenin,

sin comentarios.

 

De objetos de la narración

fracturados en fragmentos de inexistencia

que transmiten sonidos lejanos

de resistencia.

 

 

BALLATA DEGLI INESISTENTI

Ivan Pozzoni ©

 

Potrei tentare di narrarvi

al suono della mia tastiera

come Baasima morì di lebbra

senza mai raggiunger la frontiera,

o come l’armeno Méroujan

sotto uno sventolio di mezzelune

sentì svanire l’aria dai suoi occhi

buttati via in una fossa comune;

Charlee, che travasata a Brisbane

in cerca di un mondo migliore,

concluse il viaggio

dentro le fauci di un alligatore,

o Aurélio, chiamato Bruna

che dopo otto mesi d’ospedale

morì di aidiesse contratto

a battere su una tangenziale.

 

Nessuno si ricorderà di Yehoudith,

delle sue labbra rosse carminio,

finite a bere veleni tossici

in un campo di sterminio,

o di Eerikki, dalla barba rossa, che,

sconfitto dalla smania di navigare,

dorme, raschiato dalle orche,

sui fondi d’un qualche mare;

la testa di Sandrine, duchessa

di Borgogna, udì rumor di festa

cadendo dalla lama d’una ghigliottina

in una cesta,

e Daisuke, moderno samurai,

del motore d’un aereo contava i giri

trasumanando un gesto da kamikaze

in harakiri.

 

Potrei starvi a raccontare

nell’afa d’una notte d’estate

come Iris ed Anthia, bimbe spartane

dacché deformi furono abbandonate,

o come Deendayal schiattò di stenti

imputabile dell’unico reato

di vivere una vita da intoccabile

senza mai essersi ribellato;

Ituha, ragazza indiana,

che, minacciata da un coltello,

finì a danzare con Manitou

nelle anticamere di un bordello,

e Luther, nato nel Lancashire,

che, liberato dal mestiere d’accattone,

fu messo a morire da sua maestà britannica

nelle miniere di carbone.

 

Chi si ricorderà di Itzayana,

e della sua famiglia massacrata

in un villaggio ai margini del Messico

dall’esercito di Carranza in ritirata,

e chi di Idris, africano ribelle,

tramortito dallo shock e dalle ustioni

mentre, indomito al dominio coloniale,

cercava di rubare un camion di munizioni;

Shahdi, volò alta nel cielo

sulle aste della verde rivoluzione,

atterrando a Teheran, le ali dilaniate

da un colpo di cannone,

e Tikhomir, muratore ceceno,

che rovinò tra i volti indifferenti

a terra dal tetto del Mausoleo

di Lenin, senza commenti.

 

Questi miei oggetti di racconto

fratti a frammenti di inesistenza

trasmettano suoni distanti

di resistenza.

 

 

NO ENCAJO

Ivan Pozzoni ©

 

No encajo, tengo un trastorno límite de la personalidad

reparto codazos como Greg «El Martillo» Valentín,

si no me aplico nunca podré aspirar al Premio Nobel

un ternero irreductible entre las vacas negras de Hegel.

 

No encajo, tengo un delirio esquizofrénico

odio al pueblo y mojo mi pluma en arsénico,

canto, fuera del coro, como un mitómano de Factor X

desactivando bombas y lidiando con un detector de metales.

 

No encajo, tengo una disposición asesina,

deambulo entre los zombis, al estilo del Rey del Pop en Thriller,

volando bajo sobre la costa cito cocientes,

obligado a empaquetar subtítulos para los no usuarios.

 

No encajo, tengo todo tipo de fobias,

tengo todo tipo de fobias, incluyendo mi amor por el verde, como virtuoso dendrófilo,

incendiando el mundo, difuminando el tiempo con el zoom,

me rindo a la obsolescencia de la consecutio temporum.

 

 

NON RIESCO AD INTEGRARMI

Ivan Pozzoni ©

 

Non riesco a integrarmi, ho un disturbo borderline

distribuisco gomitate tipo Greg “The Hammer” Valentine,

nemmeno se mi impegno riuscirò a aspirare al Nobel

deutoplasma irriducibile tra vacche nere d’Hegel.

 

Non riesco a integrarmi, ho un delirio schizofrenico

rifuggo dalle masse e intingo biro nell’arsenico,

canto, fuori dal coro, come un mitomane a X Factor

disinnescando bombe, spaccio col metal-detector.

 

Non riesco a integrarmi, ho attitudini da killer,

deambulo tra zombie, stile King of Pop in Thriller,

volando a bassa quota quoto quote di quozienti,

costretto a impacchettare sottotitoli per non-utenti.

 

Non riesco a integrarmi, ho ogni sorta di fobia

in coda appetisco il verde, come un virtuoso in dendrofilia,

mettendo a fuoco il mondo e sfuocati i tempi con lo zoom,

mi arrendo alla desuetudine della consecutio temporum.

 

 

LILIANA BIELMEIER

Docente (profesora de Biología) y mamá de un hijo adolescente. Vive en la ciudad de Buenos Aires, Argentina.

Durante la pandemia descubrió esta capacidad de expresión escrita que desconocía absolutamente de su persona de la mano de su profesora Liliana Lapadula. 

A partir de esta nueva faceta en su vida; cuando las vivencias, la inspiración y la voluntad se cruzan, plasma en el papel la alquimia que se produce gracias a todas ellas juntas.

En 2023 presentó una antología junto a sus compañeras del taller literario La palabra en movimiento (Editorial AqL) y también he sido correctora del libro Biodiversidad en el Fin del Mundo (Edición y fotografía de R. Alvarado).

lilianabielmeier55@gmail.com

 

 

***

Liliana Bielmeier ©

“El ojo lo ve todo, pero no puede verse”
Macedonio Fernández

El poder de sus fulgurantes ópticas intimidaba. No había hueco que escapara a su ángulo

Daba vértigo saberse inmiscuido en cada escena; aun así, desesperante era no hallarse en rincón alguno.

Estar y no a la vez.

¿Cómo puede alguien dominar el paisaje y no ser parte de él?

Indómito el destino, licuarse en cada imagen y ciego quedar ante sí. 

Brutal castigo, poseer órbitas hacia afuera y no hacia adentro.

Esferas de luz blanquean oscuridades internas, iluminando humores turbulentos.

¡Qué necesidad de brillar cuando mece la noche…!

Quizás la de imitar estrellas, regalando claridad como obsequio de partida.

 

 

Pierrot

Liliana Bielmeier ©

 

No quiero escucharte.

Si pudiera acallar los sonidos que blasfema tu mirada

seguramente mi cuerpo roto temblaría con espasmos.

No quiero migajas.

Asqueada ya de infames recuerdos

mi memoria vomita pálidas imágenes que se quiebran a la luz del tacto

secas como el polvo, incrustadas en mi cámara.

Los sentidos se hacen eco de tu espanto,

mientras la cordura desata las cadenas del sabor primero,

endulzando los recuerdos más amargos que, en mi defensa

intento maquillar como un pierrot.

 

 

Cristal opaco

Liliana Bielmeier ©

 

Sus manos agrietadas lo decían todo,

el gélido regazo daba muestras de secas emociones

y ese cuadro aciago anticipaba el sórdido aguijón de un tiempo anochecido.

El sarro del cristal de sus ojos impedía ver la realidad

mientras la espuma ingrávida de la niebla macilenta

acallaba los gritos de su boca rabiosa.

Aun así, el invierno furibundo se coló entre los huesos

y se alejó despavorido hacia ríos de sangre fresca

que arrasaban contra todo mal presagio.

 

 

CuPeNOwen 

Liliana Bielmeier ©

(en honor a J. Cuesta, C. Pellicer, S. Novo y G. Owen)

 

Poética brizna gravita en el gozo,

las ondas errantes entrañan al ser,

guardián de mi senda diluvia destellos

bitácora guarda cristales de ayer.

 

Globo inhumano, sus huellas de hielo

inmóvil respira, cual hiena feroz;

sacuden las rejas eléctricamente,

las rejas de acero que el sol olvidó.

 

Inspiro la vida con ansias de gozo,

inhalo el perfume del rojo clavel,

te siento pequeño en mi lívida mano,

espero en reposo, comience otra vez.

 

 

JUAN CARLOS VARELA BUJÁN

(Vitoria, 1971). Reside en Vitoria (País Vasco, España) y está vinculado a Galicia por sus raíces familiares. Tras realizar un módulo de Técnico en Coaching Ejecutivo comienza el grado Filosofía en la UNED y realiza un máster en Escritura Creativa.

Su pasión por la escritura es tardía. En el 2014 crea el blog Deportebiencomun (inactivo) en el que escribe sobre otra de sus pasiones: el deporte. A partir de su contenido nace su primera novela, Por un Sueño (2020, Amazon), en la que plasma sus experiencias personales relacionadas con las competiciones de montaña.

En el 2023 se une a un grupo de personas con las que comparte su pasión por la escritura creando el blog Estantesdepapel (estantesdepapel.com) en el que invierte ilusión y contenido.

Su segunda obra publicada es un cuento: Los Otxoa (2023, Amazon), dedicado y basado en sus sobrinos.

Cuatro Damas (2024, Círculo Rojo) es su segunda novela. Esta vez es un thriller con un marcado tono realista con altas dosis de contenido subjetivo y psicológico.

Escribe por satisfacción personal y su alta dosis de creatividad le permite tocar distintos géneros: desde cuentos para niños, pasando por los relatos cortos y la novela realista, hasta la novela negra, que es donde se siente más cómodo. Actualmente se encuentra en proceso de escritura de su tercera novela.

Más sobre su obra en Suplemento de Realidades y Ficciones Nº 105:

https://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/2025/03/suplemento-de-realidades-y-ficciones-n.html

Web de autor: www.juancarlosvarelabujan.com

varelabujanjuancarlos@gmail.com

 

 

TRES CAPÌTULOS DE “CUATRO DAMAS”

Juan Carlos Varela Buján ©

 

1. P4R, P3AD

Viernes, 16 de diciembre 2033

 

San Sebastián, 05:30

 

Sus ojos se mueven a una velocidad vertiginosa.

Está soñando.

La mujer que buscan, una neurocientífica, se encuentra en un complejo industrial cerca de la ciudad de Tartus, en la costa de Siria. Los satélites que barren la zona en esos momentos de gran conflicto no habían detectado movimientos sospechosos hasta que alguien les ha facilitado datos y los ojos del cielo han centrado su atención en unas edificaciones. La información es buena y debe ser comprobada.

Por lealtad a un hombre, deben capturar a esa mujer. Llevan años detrás de ella y las pistas les conducen hasta esa ciudad bajo control ruso.

Mira con detenimiento la fotografía de la mujer. La desprende del panel de corcho.

Será su primera misión como comandante del grupo operativo, con la diferencia de que ahora liderará a un grupo reducido, solo cuatro personas. Cada uno se identificará con un número: Uno será el líder.

Antes de partir estudian la ubicación buscando puntos débiles. El complejo industrial se sitúa al oeste de Tartus, junto a una pequeña urbanización de chalés en primera línea de costa rodeada de otras pequeñas instalaciones que se comunican por carretera con la M1, vía costera que une esa localidad con Lataquia. El recinto no presenta ningún interés desde el cielo.

Los observa por orden de numeración. Son unos chavales: Félix, June, Aitor, Alicia. Los mejores de su promoción, todo energía, vitalidad. Pueden comerse el mundo. Con Félix tiene algo especial.

Llegan por mar desde Chipre bajo una bruma nocturna que oculta toda presencia. Entran en el complejo, el perímetro no está vigilado. El edificio de planta baja está lleno de vieja maquinaría agrícola. Buscan la entrada secreta que no está en los planos y que les conducirá a la planta baja, la hallan. Al fondo del pasillo ven un ascensor. Se miran, se leen el pensamiento. Cuatro y Cinco se posicionan en ese punto para asegurar la retirada, el resto baja en el elevador.

Agudizan sus sentidos y cuentan los segundos que trascurren hasta que la puerta corredera se abre. Salen. Encuentran oscuridad, vacío. No pueden ver los límites de esa gran sala. Activan los dispositivos de visión nocturna y recorren su perímetro hasta que identifican una puerta con cerradura codificada. Tres introduce una nanocámara por debajo de la puerta, sonríe. La especialista la desactiva y los tres entran dando órdenes en inglés para que todos se coloquen en hilera pegados a la pared. El grupo de científicos obedece.

Dos extrae una foto del bolsillo y recorre la fila cotejando el rostro de cada mujer. Se detiene, pronuncia un nombre. La nombrada afirma y Dos la saca de la fila. La neurocientífica no opone resistencia.

Los cuatro caminan, Uno guía a la doctora a través de la sala oscura. Toman el ascensor, suben. Cuarenta y dos segundos de incertidumbre en los que una corazonada contrae el corazón de Uno. La corredera se abre, el presentimiento se hace real: Cuatro y Cinco no están en sus posiciones.

Alcanzan la puerta que les conduce al exterior. Tres introduce la cámara, la noche oculta toda presencia.

 

Silencio.

 

Uno mira a Félix, ahora a June. Sabe que les han tendido una trampa y ordena soltar a la rehén antes de plantar cara al destino. Ninguno de los dos se opone.

Salen con sigilo y se refugian entre unos contenedores. De la oscuridad de la noche se da paso a un juego de luces que de inmediato ilumina todo el espacio que les rodea. Es entonces cuando ven a Cuatro y a Cinco tendidos en el suelo.

Están atrapados, comienzan los disparos.

Tres recibe un impacto en el pecho, la metralla le ha perforado el chaleco. Al poco, es Dos quien queda tendido en el suelo. Uno los mira, sabe que todo está acabado, pero sigue disparando hasta que nota un impacto en el brazo y pierde el sentido.

Grita tan fuerte como puede. Por rabia… por miedo. Ahora está en el suelo, a oscuras, bajo una total privación sensorial, sin distinguir ningún sonido, con un corsé acolchado cubriendo su tronco que le impide despegar los brazos del cuerpo mutilando el sentido del tacto. El dolor le recorre el antebrazo derecho, recuerda que le han herido en combate. Sin embargo, la funda le impide reconocerlo. Mueve los dedos de las manos, no los siente en la derecha.

Van a lavarle el cerebro y debe oponer toda resistencia. Es lo único que puede hacer. En su cabeza se activa un sistema de seguridad que le recuerda que posee algo vital: la imaginación. Y comienza a vivir otra realidad basada en un juego, como si estuviese en un reality show. Porque sabe que eso es lo que quieren, jugar, experimentar con su cuerpo. Y no se va a dejar derrotar, no sin plantar batalla.

Con la espalda apoyada en el suelo intenta levantarse. No puede. Imagina los movimientos, los repite y consigue ponerse en pie.

Camina a oscuras. Al chocar contra la pared obtiene recompensa. Un estímulo positivo libera sus sustancias químicas. Esa droga le provoca bienestar, placer. Sí, es una gran victoria que celebra con una carcajada. Ese sonido le permite verificar que oye y que puede estimular el cerebro con su melodía. Es consciente de un nuevo éxito al saber que han errado. Ríe a carcajadas. Esa es la única arma que tiene, no permitir que consigan dominar sus sentidos. Decide en esos momentos que esa compañera ficticia, la victoria, le ayude a seguir luchando.

Se incorpora, sudando. Un alarido emerge de lo más profundo de su interior.

—¡Chsss! Esa pesadilla otra vez… Ya ha pasado. ¡Chsss!

Siente el calor del abrazo fuerte, reconfortante. Su respiración entrecortada recupera la normalidad.

—Solo ha sido un sueño, Laura. Cálmate. ¡Chsss!

—Pero son tan reales.

—No digas nada. Pronto desaparecerán, ya verás.

Sueños, lo que permanece en su recuerdo. Recuerdos que provocan un llanto, la culpa por los compañeros muertos.

Pronuncia uno a uno sus nombres, una y otra vez hasta retomar el estado de duermevela.

«Tal como me has ordenado, sus sueños los guardaré en mi memoria».

 

 

Centro Tecnológico CETA. A Lamea, La Coruña, 07:50

 

El Mercedes se detiene a la entrada del complejo. Abre sus puertas traseras para que desciendan sus dos ocupantes. Diego lo hace primero y espera a Ismael que demora la salida, desea echar un último vistazo al interior del vehículo sorprendido de su tecnología. Nunca había viajado en un vehículo autónomo.

Mientras suben las escaleras que conducen al interior del edificio, Ismael, boquiabierto, admira la estructura compuesta por dos edificios hexagonales con fachada de cristal unidos por un amplio recibidor.

—¿Te agrada el diseño? —Diego le pregunta detenido en el hall.

El joven afirma. Sus dimensiones le fascinan: la amplitud y sobriedad, los techos altos, la abundante luz natural.

—Sabíamos que esto te iba a gustar.

Despacio, sin sobrepasarle, Ismael se deja guiar por el asistente ataviado con traje negro de Zara. Recorren el pasillo central hasta llegar al ascensor. Las puertas se abren al detectarles, entran en la cabina. No hay botonera, Ismael espera.

—Menos uno —Diego pronuncia la planta—. Únicamente el personal autorizado puede acceder a los ascensores.

El elevador se detiene. Ambos lo abandonan y caminan veinte metros por el pasillo que lleva al mostrador donde dos guardias de seguridad esperan. Diego deja un pendrive en la ventanilla. Ismael mira a los vigilantes, su físico intimida. Uno de ellos introduce la memoria en el ordenador.

—Como puedes comprobar disponemos de las más altas medidas de seguridad. Le he dado una memoria con tu ADN que extrajeron cuando te operaron. Este escáner es el último filtro, verifica que no llevas nada extraño y, sobre todo…, que tú eres tú. Monitorizará todo tu cuerpo, pupilas, rasgos faciales, tu estado de salud, lo que hay dentro de ti. A partir de ahora, estarás controlado en todo momento.

Ismael mira al vigilante, a su señal entra al pasillo de cristal y un haz de luz ultravioleta le recorre el cuerpo. Mira al techo intentando localizar el foco de la luz.

—No busques su procedencia, no la hallarás. El haz rebota en el cristal y parece que sale por todos los lados. Por eso están hechas así estas paredes —afirma Diego intuyendo la curiosidad del joven.

La puerta que le obstaculizaba el paso se abre e Ismael accede a la sala semicircular diseñada con una pendiente de veinte con dos grados. Al fondo, divisa la pantalla que cubre toda la pared. Ismael no se fija ni en los tres niveles ni en las personas que los ocupan, ni escucha el sonido del teclear de las veinte personas que trabajan en este habitáculo. Tiene la mirada clavada en la enorme mesa dominada por un único panel de cristal táctil que muestra la información obtenida en las búsquedas de los operadores.

Una voz femenina atrae su atención. Es la de Esther, la responsable del Departamento de Ciberseguridad, que sube a su encuentro por la rampa central de la Sala Gris. Tras un cordial apretón de manos y unas breves palabras de bienvenida, descienden hasta el fondo de la sala.

—Prestadme todos atención, por favor. Quiero presentaros a nuestro nuevo compañero. Se llama Ismael Gutiérrez ––Ismael levanta la mano a modo de saludo y pronuncia un «hola» casi inaudible. Esther guarda unos segundos de silencio y mira a su equipo antes de seguir hablando—. Su nombre no os dice nada, ¿verdad? Pero sé que muchos le seguís. Se le conoce en la red bajo el seudónimo de… Búho.

Pepe se levanta con la boca abierta. Manoliño, entusiasmado, comienza a aplaudir y poco a poco el resto de compañeros le siguen puestos en pie.

—Ismael, este es tu espacio de trabajo ––le indica Esther, que permite la ovación mientras el joven se ubica en su mesa de trabajo—. Pili te pondrá al corriente del funcionamiento de todo. Ahora, por favor…, el resto… continuad con vuestras funciones, ya tendréis tiempo de conversar con él. Hay mucho que hacer y el tiempo corre en nuestra contra.

«Si me permites mi opinión, va a encajar bien en el grupo».

 

 

Ciudad de la Cultura. Santiago de Compostela, 09:00

 

Julia acaba de llegar a la Ciudad Cultural de Santiago de Compostela. Le ha costado treinta y siete minutos el desplazamiento desde A Lamea hasta la entrada principal del complejo. El Mercedes Fusión EQXX abre sus puertas y la única ocupante desciende. En el recibidor, Olivia le espera, ha sido su ayudante incondicional durante las últimas semanas. Le entrega el listado de los emparejamientos que Patiño9, hasta ahora imbatible motor de juego, ha elaborado. Mientras Olivia ojea el ordenador, Julia accede a la amplia sala principal donde los empleados de XISMA, empresa encargada de la logística del torneo, ultiman la colocación de las mesas y tableros de juego.

Será un torneo muy especial, tal vez no se celebre otro similar en mucho tiempo. Primero, por la fecha, coincidente con la festividad navideña. Segundo, por el tipo de competición: a dos fases y en abierto, permitiendo emparejamientos mixtos por el ELO de cada participante.

La primera fase la jugarán representantes de ochenta países por el sistema suizo a once rondas. En la segunda, los veinte mejores disputarán el Torneo de Candidatos en una liga a dos grupos. El vencedor, además de ganar la suma de 670.000 €, la mitad en bitcoin, será el próximo rival del campeón mundial. Nunca antes se había ofrecido un premio tan elevado ni la plaza al Campeonato Mundial en el mismo torneo. En cuarenta y cinco días se sabrá el nombre del candidato a disputar el título a Yan Liú.

Julia evoca el año que participó en el Campeonato Mundial de Ajedrez. Se disputó en noviembre del 2018, también en un suizo a once rondas, en el mismo sitio en el que se encuentra ahora. Su padre siguió todas sus partidas sin decir palabra, sin recriminarle una mala jugada. Aún recuerda los nombres de las ganadoras: Shiri, de la India; Unida Omonova, de Uzbekistan y Emilia Zavivaeva, de Rusia.

 

«Xoán, ciento diez pulsaciones, lo normal en Julia es setenta y dos».

 

Vuelve al presente y abandona el edificio. Sube con Olivia al Mercedes y se dirigen al lugar en el que se celebrará la segunda fase del torneo, el Parador de Santiago de Compostela.

Pasados trece minutos y treinta segundos, el vehículo se detiene en frente de la Portada del antiguo Hospital Real, hoy Parador Nacional. El director les espera en el zaguán del vestíbulo para acompañarlas en la visita a los salones donde se jugarán las partidas.

Julia comienza a perder la concentración, le duele la cabeza. Lleva días sin dormir y le está pasando factura. Olivia lo nota y decide finalizar la visita.

—Te noto cansada. ¿Estás bien? —pregunta Olivia una vez fuera.

—Llevamos días preparando este evento y estoy cansada. ¿Tú no lo estás?

—Claro que sí. Pero no me preocupo tanto como tú porque sé que todo va a salir bien. Anda, vete a casa a descansar.

—Somos el mejor equipo, Olivia —afirma Julia abrazando con fuerza a Olivia.

Se despiden con sonoros besos. Julia entra en el coche y se deja llevar.

 

«He instalado en el Mercedes la música relajarte que le gusta escuchar. Ahora comienza a sonar».

 

Abandonan la ciudad y toman la A54.

El asiento de cuero se ha reclinando, y duerme.

 

 

 

2. C3AD, P4D

Sábado, 17 de diciembre

 

CETA, 00:30

 

Ismael sigue en el Centro de Comunicaciones. Ayer abandonó la sala durante veinte minutos a las 15:00 para comer un plato de espagueti.

 

«Le pareció exquisito, por eso he notificado al cocinero que le gusta el spaguettoni aglio, olio e peperoncino».

 

Está entusiasmado con lo que ha encontrado. No esperaba hallar esta tecnología. Menos aún interactuar con ella. Le han explicado algunas de sus funciones. Sin embargo, desconoce aún la verdadera envergadura de su cometido.

El joven ha causado furor entre los nuevos compañeros deseosos de conocer el motivo de que el hacker español más carismático trabaje codo a codo con ellos. Ha respondido a muchas preguntas, algunas ya programadas.

 

«Como de costumbre, te adelantaste a los acontecimientos. Has intuido lo que pasaría cuando todos conociesen su identidad. Por eso le preparaste para dar respuesta a preguntas embarazosas».

 

Ismael ahora está solo. Piensa en cómo ha cambiado el planeta en una década.

Ahora el mundo está estructurado en tres bloques: Pacífico, Euro-África y las Repúblicas Comunistas, con China como líder indiscutible superando a Rusia. Algunos países permanecen en tierra de nadie, como Inglaterra, dejándose llevar por la corriente que más satisfaga sus necesidades. La estructura social y la situación geopolítica han transformado el planeta. Poblaciones enteras han desaparecido debido a las pandemias, a las hambrunas, al cambio climático. Hay muchos pueblos fantasma, muchas pérdidas humanas. Y los líderes que promueven los levantamientos coinciden en el planteamiento de que un cambio es fundamental. Una excusa para justificar el verdadero fin: el poder absoluto.

Recapacita sobre el error que han cometido esos líderes al dejar que una IA establezca sus criterios de gobierno basándose en algoritmos que justifiquen la propia supervivencia de un grupo.

Ismael cree que es fácil pronunciar discursos, disparar palabras que acierten en las dianas, cuando muchos son los ricos que las elogian y pocos los que se atreven a alzar la voz en contra.

 

«Qué pensará cuando conozca el plan de tu nuevo mundo. Seguro que sus convicciones cambiarán».

 

Acaba de llegar el equipo de ingenieros. Ocupan sus puestos y comienzan a operar desde sus pantallas táctiles: configuran el satélite, encriptan las señales y bloquean posibles ciberataques. La misión de hoy puede que les lleve toda la noche.

Llevan trabajando en la Sala Gris dos horas y cuarenta y cinco minutos cuando los expertos en cirugía craneal, acompañados por Xoán, entran en la sala. Descienden hasta el lugar en que se encuentra Esther acompañando a Ismael.

—Tenemos todo listo, solo necesitamos confirmación —dice Esther dirigiéndose a Xoán.

Este busca a Ismael con la mirada y le transfiere un mensaje:

 

«Confío en que sepas manejar esto. No me falles».

 

Ismael levanta discretamente el dedo corazón.

Xoán sonríe. Son las 05:15. Ismael, silente, recibe la conexión.

 

—«Aquí, Laura. ¿Con quién estoy conectada?».

—«Con Ismael, tu nuevo conector».

 

—Atención a todos, conexión establecida. Lanzad protocolo de seguridad —ordena el hacker en alto.

 

El operativo de ingenieros, como si de una danza mímica se tratase, comienza a mover las manos desplazando objetos invisibles. Los cirujanos esperan el momento preciso para entrar en acción.

A 487,44 km de distancia, Laura conecta un terminal CONixELL a su teléfono e inicia la transferencia de archivos vía satélite. Ahora efectúa unos movimientos que Ismael narra en directo.

—Saca de un bolsillo una cajita. Extrae su contenido y se lo coloca en la mano.

 

—«¿Estáis preparados?».

—«Sí, Laura».

 

Laura se acerca a su acompañante…, y extiende la mano.

En la pantalla de la sala se reciben las primeras imágenes emitidas por el nanotransmisor teledirigido. Es una de las unidades más pequeñas diseñadas por el CETA. Uno de los neurocirujanos comienza a dirigirlo con un mando joystick. De la misma forma en que efectúan una aproximación endoscópica endonasal expandida, hoy van a acoplar ese pequeño artefacto al cerebro de una persona. No es la primera vez que lo hacen, conectar un cerebro a un dispositivo electrónico para recibir sus pensamientos.

Tampoco será la última.

 

GRISELDA SUSANA ROCHETTI

Nació el 4 de marzo de 1969 en San Pedro, Provincia de Buenos Aires, Argentina. En 1986, termina sus estudios de inglés. En 1994 se gradúa de farmacéutica en la Universidad Nacional de Rosario. A los diez años gana un concurso con la poesía Ejército. Tiene cuentos publicados en diferentes antologías. En 2014 publica su primera novela Piezas movidas, vidas tocadas.

farmaciarochetti@gmail.com

 

 

HIPOTECA

Griselda Susana Rochetti ©

“Es difícil definir lo argentino, precisamente porque
lo argentino es algo elemental y lo elemental
es de difícil o de imposible definición”
Jorge Luis Borges


Regresé a San Pedro después de muchos años. Estaban organizando un festejo por el natalicio de don Pedro Suñer. Quise observar en detalle la escultura que se encuentra en el patio interno de la municipalidad, detrás de la oficina de Rentas.

Pregunté en mesa de entrada y, con un poco de decepción, me animo a decir que el empleado, muy bien vestido, por cierto, no tenía ni idea que ahí había una obra del reconocido artista.

Pedí permiso y avancé hasta que la figura estática y solemne se cuadró delante mío.

Como si el tiempo no hubiera pasado me vi caminando con mi abuelo, de la mano, por el pasillo oscuro del municipio. Las lámparas agónicas nos determinaban el rumbo. El abuelo apenas se expresaba, pero su ceño fruncido y la mirada fija y dispersa me hacía suponer que algo lo perturbaba. Supe que una injusta hipoteca había puesto en riesgo su casa. Nuestra casa.

Una charla infantil, pero no ingenua, con mi abuela mientras intentábamos dormir la siesta hizo que lo averiguara.

No sé por qué elegía compartir ese tiempo conmigo. Tal vez mi inocente pero importante presencia lo tranquilizaba. Esos momentos siempre fueron una incógnita en mi vida.

Las mañanas interminables en las que unía la financiera con la municipalidad exprimían mi energía.

 Un mediodía espeso, apretó fuerte mi mano y con afecto me dijo:

—¿Estás cansada?

—Sí.

—Andá un ratito al patio.

De cuando en cuando tenía la impresión de que me faltaba algo: la alegría de mis abuelos.

—Ya falta poco.

—¿Cuánto?

—No sé.

—Estoy aburrida.

— Esperame en el banco y mirá los pajaritos —me indicó con el dedo.

Y ahora, con su imagen en mi mente, estoy sentada en el banco gris, en el mismo que aguardaba al abuelo.

Observo en detalle la escultura, mientas gorriones, tacuaras y calandrias baten sus alas entre el metal y el cemento.

Creo que los pájaros se acercan porque se reconocen en la obra, como si una parte de la estructura oficiara de llamador.

La imagen de difícil definición es un biguá construido de hierro magnético que mira hacia el norte en dirección a la isla y no puede volar.

La contemplo. El aroma a primavera me eleva en un suspiro. La brisa despeina mi flequillo y dibuja una sonrisa cómplice, la misma que me regaló el abuelo Pedro la mañana que levantó la hipoteca.

Biguá

 

 

EL REPUBLICANO

Griselda Susana Rochetti ©

 

La Armada Argentina te había bendecido para navegar en 1842.

Zarpaste cauto ante una multitud. Los tripulantes bravíos esperaban ansiosos el combate. Tu destino final: Vuelta de Obligado. Llegar en tiempo y forma, un gran desafío. La flota anglo-francesa no era de fiar, la ambición por la ruta del río era poderosa. En las barrancas expectantes, movilizados por el general Lucio Mansilla, los gauchos se atrincheraban. Petrona Simonini y otras mujeres de hierro se disponían a colaborar. Instalaron el campamento a escasos metros de la batería más grande.

Juan Bautista Thorne nació en Nueva York, pero adoptó a la Argentina como suya. A los 18 años se radicó en Buenos Aires. Se deslumbró con la ciudad y la causa libertadora. Podía ser falible pero jamás traicionaría a su patria, tampoco a vos, Republicano. El cañón estratégico estaba a su mando.

Profundas y salpicadas historias se alejaban de la costa con una pizca de nostalgia. A Leopoldo Laserna le faltaban pocos días para conocer a su hijo. Luis Negrette regresaría para construir su casa. A Melchor Linares, minutos antes de subir, su mujer le anunció que serían abuelos. Don Nicanor Muratone no dejaba a nadie ni nada que perder, pero su cuerpo también se estremeció con la partida. Algunos no se querían ir, muchos no pudieron volver. Todos añoraban la libertad. Libertad. Palabra tan amplia y abarcativa. Amos y esclavos luchando, observando para qué lado se inclina el platillo de la balanza.

Avanzabas lento, seguro. Amanecía. El Paraná se agrandó como una copa ancha, y divisaron la costa. Balas de cañones te aturdieron, se incrustaron en tu cuerpo, provocando heridas letales. La madera crujió, los hierros se retorcieron, las banderas se doblegaron. Las historias de vida se hundieron con vos.

El general Mansilla ordenó que cesara el fuego.

—El cañón me exige vencer o morir —contestó Thorne.

Los gauchos regaron con sangre el silencio de la soberanía. Juan Bautista Thorne perdió la audición.

—¿Cómo está la situación, Petrona? —preguntó Mansilla.

—Muchos muertos...

—¿Heridos?

—Cientos, mi general —lamentó Petrona.

Cada mañana del veinte de noviembre cuando el sol se espeja en el Paraná, los lugareños no se asombran de su presencia. Lo han encontrado deambulando por el castillo de Obligado, tal vez en busca del poeta y escritor Rafael para contarle su historia. Camina erguido y se asoma en la cueva Salamanca. Sabe de la conexión secreta con el castillo. Visita la escuela que lleva su nombre. Al mediodía el sol parte el río en dos, en honor a las cadenas legendarias, Juan Bautista Thorne baja en dirección al cañón que tieso y frío y fuerte sigue esperando su mano maestra. Se para en el monolito histórico. Observa el Paraná buscándote, Republicano.

Marcaste un precedente en la historia. Te imitaron el Titanic, el Mafalda, el Ara General Belgrano y el Ara San Juan.

Dorados y surubíes recorrieron tus venas. Dádivas de la naturaleza diluyeron un poco tu soledad.

Bergantín goleta, soberano gigante. Pasaron 170 años para que, sin buscarte, te encontraran. El tataranieto de Leopoldo Laserna, junto a un descendiente de Juan Bautista Thorne defendiendo su honor, vino a visitarte. Te enteraste orgulloso que no fue en vano tu desaparición.

Es imposible rescatarte. El lecho del río será tu descanso eterno. El pueblo bonaerense, tu veneración.

 

SUPLEMENTO DE REALIDADES Y FICCIONES
Nº 108 – Diciembre de 2025 – Año XVI

ISSN 2250-5385 – Edición trimestral
RE-2025-115781208-APN-DNDA#MJ del 17/10/2025, Dirección Nacional del Derecho de Autor / República Argentina


Propietario y director: Héctor Zabala
Av. Del Libertador 6039 (C1428ARD)
Ciudad de Buenos Aires, Argentina
zab_he@hotmail.com
http://hector-zabala.blogspot.com/
Currículo en revista Realidades y Ficciones Nº 40:
https://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com/2019/12/realidades-y-ficciones-revista.html
 

Colaboradores

Corrección general:
Noelia Natalia Barchuk Löwer
Resistencia (Chaco), Argentina
alfana79@hotmail.com
http://noelia-barchuk-literatura.blogspot.com.ar/
Currículo en Suplemento de Realidades y Ficciones Nº 88:
https://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/2020/12/suplemento-derealidades-y-ficciones-n.html



Ilustración de carátula y emblema:
Mónica Villarreal
Scottsdale (Arizona), Estados Unidos
Monterrey (Nuevo León), México
monvillarreal@hotmail.com
@mon_villarreal
https://www.facebook.com/monvillarreal22
Currículo en revista Realidades y Ficciones Nº 17:
http://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com.ar/2014/06/
 

 

El listado completo de colaboraciones al Suplemento de REALIDADES Y FICCIONES se encuentra a la derecha del blog bajo el acápite ÍNDICE DE AUTORES. A la fecha, comprenden 430 colaboradores desde la fundación del suplemento. 


REVISTA: https://revista-realidades-y-ficciones.blogspot.com/
@RyFRevLiteraria

SUPLEMENTO: https://colaboraciones-literatura-y-algo-mas.blogspot.com/
@RyF_Supl_Letras


Las opiniones vertidas en los artículos de esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor pertinente.


“Realidades y Ficciones”
Mónica Villarreal (2014)
acrílico y óleo sobre
papel-lienzo, 30 cm x 30 cm